París era una fiesta

Hace unos meses leí por primera vez a Hemingway y, la verdad, no me desagradó en absoluto. Con El viejo y el mar éste autor nos presenta su gran pasión, la pesca, y con París era una fiesta, nos habla de su modo de vida, la escritura.

White Rabbit – Jefferson Airplane

Son pues unas memorias, donde narra su vida en París entre 1921 y 1926, lejos de su patria y sus “amigos”, lejos de lo que conoce pero aún así cerca de lo que realmente le interesa, escribir. Es cierto que en reiteradas ocasiones mencionó el hecho de que ser escritor era su profesión, pero no por ello gozaba de lo que hacía; podríamos decir que fue, aunque cueste creerlo, ése tipo de gente que nace con un don, un buen don para hacer algo, se dedica a ello, pero no encuentra placer alguno con ello. Es decir, explota su potencial casi a regañadientes cuando en realidad lo que le gustaría es hacer otra cosa, en su caso, pescar.

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   Sea como fuere, en éstas memorias encontramos a grandes personajes de la época con quienes Hemingway se encontró en París, y cuya amistad es ámpliamente conocida, como por ejemplo Gertrude Stein, Scott Fitzgerald y Ezra Pound. También nos cuenta cómo vivía con su mujer y su hijo en una pequeña habitación con un escaso sueldo.

Yo me estaba paseando a mi mismo, porque entonces no podíamos mantener ni perro ni gato”.

   Se nos presenta una serie de consejos para escribir, de hecho me animé a leer el libro por un artículo en internet donde se recomendaban una serie de libros a los que quieran ser escritores. O a los que pretendan aprender a escribir. Pues bien, no sé si me ayudó mucho o me ayudó poco, uno de los consejos que sí me aportó fue que… uno debe desconfiar de los adjetivos, uno debe encontrar el Mot Juste.

  Pues sí, muy buen consejo la verdad; muchas veces intentamos describir algo con demasiado ahínco, queremos atrapar ese objeto o esa porción de realidad mediante palabras. Éstas, a su vez, en tanto que creadas por nosotros no pueden llegar a describir ni a trasmitir aquello que quedemos, por lo que, en lugar de añadir y añadir un sinfín de adjetivos… me parece que es mejor callar. Lo inefable no puede contarse, lo que uno vive, lo que uno ve, lo que uno siente, no tiene por qué ser siempre transmitido al otro. De hecho, mi sensación, mi percepción, mi yo mismo en el mundo es totalmente distinto al de otro, aunque éste sea mi congénere y esté en mi misma situación, bajo mis mismas circunstancias.

  Bajo un halo de lo que podría parecer una peli de Woody Allen, algo que, dicho sea de paso, llegó a suceder (éste libro inspiró el guión de Medianoche en París, como muchos ya sabréis), Hemingway nos introduce en su intrincado mundo interior, nos regala pensamientos y magia. Lo que un escritor de categoría como él tenia dentro, es indudable que abarca todas y cada una de las palabras que de su pluma salieron, cada escrito, sean memorias o sea una novela, nos enseña algo nuevo a su manera.

Por entonces, ya había descubierto que todo, lo bueno y lo malo, deja un vacío cuando se interrumpe. Pero si se trata de algo malo, el vacío va llenándose por sí solo. Mientras que el vacío de algo bueno sólo puede llenarse descubriendo algo mejor.

Por supuesto, ya quedamos precavidos en el prefacio

Si el lector lo prefiere, puede considerar el libro como obra de ficción. Pero siempre cabe la posibilidad que de un libro de ficción arroje alguna luz sobre las cosas que fueron antes contadas como hechos.

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3 pensamientos en “París era una fiesta

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