La Melancólica muerte del Chico Ostra

Érase una vez un chico incomprendido por su entorno. Le gustaba pintar, jamás salía de casa sin su cuaderno y sus acuarelas, así podía dibujar lo que le faltaba en el paisaje que la vida le mostraba día tras día ante sus ojos. Se llamaba Chico Ostra. Cuando creció no murió, no sufrió pero nos engatusó con sus dibujos. Se llamó Tim Burton.

Rone – Bye Bye Macadam

   Es indudable la calidad artística de éste autor, nos dejamos llevar por su estética mixta y su estilo a todas luces (y oscuridades) personal e intransferible. Burton es uno de ésos pocos personajes actualmente vivos que sabemos que está haciendo historia, su propia historia, y, nosotros, sus admiradores, no podemos menos que estar agradecidos por poder presenciar y disfrutar sus nuevas creaciones.

  Las imágenes oníricas, las pesadillas, lo surrealista… mezclado con una mezcla especialmente dosificada de contrarios (claro/oscuro, inocente/turbador, comercial/de culto, infantil/adulto, vida/muerte) y con una fuerte e indudable crítica social, crean el universo imaginario de Tim Burton. En nuestra sociedad materialista actual, y aunque como todo buen genio participa de un cierto dualismo entre lo que expresa en su arte y lo que vive en su vida real, los seres románticos, solitarios y necesitados de afecto encuentran su papel en la historia, su finalidad en la vida, que no es otra que encontrar el amor y la aceptación social.

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   Para valorar si una obra participa de la poesía o no, Jean Ferry propuso unos requisitos indispensables: “una fabulación absurda, un violento poder onírico, un erotismo monstruoso, la irrealidad de los decorados y el sentimiento de unheimliche o extrañeza”. La poesía de nuestro particular Chico Ostra nace de la misma heterogeneidad, donde lo fantástico se queda demasiado simple para describirlo, irreductible su arte a un solo adjetivo. De sus influencias del expresionismo alemán, las películas de terror, de Ray Harryhausen, James Whale, F.W.Murnau… coge el impulso para saltar a su propio espacio, radicalmente nuevo. Y  ¿qué es lo que pretende?, lo revolucionario queda atenuado por su trabajo en los estudios de Disney, claro está, pero tampoco podemos negar una profunda crítica social en sus películas y en general, en sus dibujos, sin obviar el poemario ilustrado que publicó.

Michelle Pfeiffer: Tim tiene una manera muy poco corriente de ver el mundo. Hay una oscuridad inocente, malévola e infantil en todas sus películas, en todas”.

   Burton va más allá del mero hecho de parodiar la sociedad, Burton hace historia. recoge todo lo que somos desde que nacemos hasta nuestro presente, desde los más básicos sentimientos humanos a los más complejos, lo mezcla, lo mastica, lo engulle y se convierte en el crítico como artista. En el propio acto destructivo está ya creando y construyendo desde los cimientos un nuevo universo, abandonando el mundo de lo existente y real -en sentido estricto- para entrar en el Mundo del Arte. El que trasciende incluso la propia idea de un Mundo del Arte, un lugar con artistas reales comprendidos por unos espectadores desde la más pura incomprensión. Me explico.

   En el arte asequible al ojo humano más común, siempre hay espacio para razonar lo que uno está observando y admirando, al menos podemos intentarlo. En ese mismo momento en que nos hallamos ante algo grande, nos damos cuenta que la obra abarca algo más, algo mayor, mejor, inefable y trascendente que nos envuelve y eleva. Es por esto que sé que ahora mismo sólo me puedo contentar con seguir añadiendo adjetivos a un sentimiento llamado lo sublime.

    Sublime es la naturaleza.

    Sublime es el arte.

    Sublime es lo que te hace sentir lo que eres, un puntito diminuto en el infinito.

    Sublime es la obra que muestra lo pobres que son las palabras ante el deseo de expresar “¡Eh! ¡ésto es sublime, ¿lo veis?, éste cachito de […]”

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  Soy consciente de lo vacío que suena todo este intento, línea tras línea, de justificar el amor que siento por éste tipo de arte, de realidad, de vida, de todo.

   Tim Burton, en definitiva, nos acerca un poco al inalcanzable Mundo del Arte, creo (o quiero creer) que todos quienes hayan tenido la oportunidad de sentir la pequeñez de su existencia ante lo inmensamente trascendente de la naturaleza, del mundo y, en éste caso, del mundo interior del ser humano en sociedad, sabrán de qué estoy hablando. Sí, efectivamente, hablo de ésa sonrisita tonta que se nos queda en la cara cuando te dices “ahora lo entiendo”. Y sabes que lo que entiendes es que no puedes llegar a entenderlo, está siempre un paso por delante, sabes que no sabes. Y ante ésa Gran Verdad sólo te cabe sonreír tontamente con la mirada perdida ante la inmensidad abrumadora.

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