Las partículas elementales

   Ésta es una obra de humor, ese tipo de humor que despierta una risa desesperada, y lo hace porque no podemos sino ver en ella el retrato de nuestra sociedad. Una sociedad adicta al placer y a la inmediatez, pues no deja crecer el deseo y sólo consume las cosas, las personas o los sentimientos.

   El hilo principal recae en la relación fraternal entre Bruno y Michel, un profesor de literatura y un investigador en biología. Ambos nacieron de la misma madre, a finales de los años 50, por lo que el tiempo de la novela va del 1998 al 2009, una de las muchas razones por las que no podemos evitar ver nuestra sociedad reflejada en las palabras del autor. No voy a decir que es algo casual, ni tampoco que mi perspicacia ha logrado captar ese componente en el libro, pues el autor es conocido por tratar esta temática, sobretodo en lo que se refiere a las miserias afectivas de la sociedad contemporánea.

Mike Gibbs – A Thousand Years

   Su estilo políticamente incorrecto, extremo y desenfadado, le da el toque necesario para lograr que nos sintamos envueltos en esa época revolucionaria como fue el mayo del 68 en Francia. Las protestas estudiantiles, los movimientos contraculturales que atacaban directamente a la nueva y emergente sociedad de consumo, del mass media y de la cultura de masas.

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   La voz de esta historia la tienen los underground, beatnik y los hippies, pues son sus vidas (las de Annabelle, la mejor amiga de la infancia de Michel, Janine, la madre de los hermanos, Christiane, Paolo…) las que configuran el entramado perfecto para que los dos protagonistas, sean como son, sean lo que han llegado a ser.

   El contenido desenfrenado de los acontecimientos, gran parte de ellos erótico-sexual, marca el tiempo de la novela de principio a fin, sin respiro alguno. Parece que todo va muy deprisa, de hecho, todo va muy deprisa: los días, los meses, los años, las personas, el amor, el desamor, el placer, los números de las páginas van en aumento hasta que tres días más tarde, el libro, como todo, ha acabado. El desenfreno es aterrador, a mi me sobrecogió la manera en que Houellebecq consigue hacerte reír, llorar, sentir asco, sentir amor, ternura, odio, magia… te hace estremecer, aumentar tus pulsaciones… cómo te absorbe en la misma sociedad que paradógicemente está criticando, y en la que casualmente vivimos.

   Quedan muy claras sus influencias; Marqués de Sade, Aldous Huxley, Lovecraft, Louis-Ferdinand Céline. Del mismo modo queda claro el proceso histórico de absorción, cómo el espíritu de protesta de amansa y pasa a ser el objeto de protesta. Pues la historia es algo cíclico, cuyas partículas elementales son de lo más revolucionarias.

   No voy a desvelar el final del libro, que debo decir, me pareció ya la guinda del pastel a ésta increíble experiencia, a la explosión de saberes que se hallan en cada una de las páginas. Lo que sí puedo desvelar de cómo acabó el libro es que fue galardonado con el Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín en 2002, y que el autor es uno de los que vale la pena tener en cuenta para dar una buena sacudida a nuestras neuronas.

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