libertad

Jonathan Franzen nació en Chicago en 1959, es el autor de Libertad

   La novela Libertad aborda una multitud de temas, como la guerra de Irak, Afganistán, el problema con el medio ambiente, el crecimiento demográfico, el racismo, el alcoholismo, las intrincadas relaciones familiares… todo ello a propósito de una familia de clase media, los Berglund. Patty y Walter, padres de dos hijos, Jessica y Joey, y un amigo en común, Richard Katz.

  Aunque la lectura puede parecer pesada, pues ahonda en la psicología de cada uno de los componentes de la historia, se ve claramente como van tomando conciencia ya sea al principio de sus vidas, ya sea a mitad o al final, de las decisiones que han tomado y de a dónde les han llevado.

Fleet Foxes – Mykonos

   En el fondo, cada uno de ellos persigue afanosamente la libertad, y en ese camino se encuentran con lo abrumador que resulta hacerse cargo de ella. El drama empieza cuando la encuentran, pues en ese momento se dan cuenta del espejismo que ha regido sus vidas, y asumen, sin quererlo, la desdicha que esto produce. Debieron romper lazos muy profundos (familiares, sociales…) e incluso deshacer esos nudos internos que todo ser humano tiene en su interior, para poder alcanzar la libertad. Pero resulta que ésa libertad no era lo que realmente buscaban.

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  ¿miedo? ¿respeto? Quizás no se dan cuenta de lo que realmente es la libertad, pero ese deseo de ser libres les hizo ser esclavos.

Durante mucho tiempo se nos ha vendido que la clase media es el retrato perfecto del individuo libre.

  Libre de la riqueza y la pobreza,

del blanco y el negro

de demócratas o republicanos

de los extremos que siempre rigen nuestra vida. Ya sea en la política, en la familia, en cada decisión que tomamos, en cada afirmación que formulamos. Y es que detrás del extremismo hay una velada ansia de muerte. Pues bien, la clase media parece ser que supera todo eso, es el justo término medio.

  Y en este punto de mi reflexión, no puedo evitar pensar en el problema que entraña el susodicho retrato. Ese Dorian Gray que todos tenemos en nuestra cabeza, que nos deleitamos en admirar, adorar, idolatrar, y que cuanto más caemos en ello, más lo encerramos en el desván. Lo tapamos para que los quehaceres de nuestra vida diaria no lo mancillen, para que nuestros supuestos fracasos no puedan ser apreciados por él.

   Y seguimos aferrados a esa llave que abrirá la puerta, la caja de Pandora.

   Y creamos con todo ello una cadena que eslabón a eslabón nos aleja de la Libertad.

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   Quizás nuestra proximidad temporal con los acontecimientos relatados, con la sociedad y los ideales representados, no nos permiten saborear la crítica social no tan escondida en las páginas del libro. No dudamos en alabar novelas similares un tanto más alejadas temporalmente, como por ejemplo Unless than Zero, Las Partículas elementales… y nos vanagloriamos de que ya hemos superado ese momento. De que somos libres.

Y quizás

sólo quizás

no somos tan libres.

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3 pensamientos en “libertad

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